Hace algunos años, siendo alcalde de Juana Díaz Domingo Ortiz, los residentes de los barrios Romero de Villalba y Guayabal de Juana Díaz estaban muy exaltados e informaban que en las inmediaciones del Lago Guayabal se escuchaban unos fuertes bramidos los cuales ellos atribuían a algún animal que habitaba las aguas de la represa. Eran muchas las especulaciones que se hacían: Unos sostenían que los extraños ruidos eran producidos por un pez de gran tamaño con las caracteristicas de Lémur que habitaba en las aguas cerca de La Isla de Madagascar; otros decían que era un enorme reptil que de noche salía a orillas de la carretera y la gran mayoría atribuían los bramidos a un sapo de tamaño gigantesco que dieron por llamar el "Sapo Toro".
Muchos ciudadanos preocupados por el fenómeno y pensando que los vecinos del lugar podían correr riesgos, solicitaron del Gobernador que mandara expertos a investigar.
La Prensa del país, también se interesó en el fenómeno y daban cuenta del mismo en sus páginas informativas. Por la noche la carretera que conduce de Juana Díaz a Villalba se congestionaba de vehículos y la gente de los pueblos vecinos, llenos de curiosidad esperaban largas horas para ver por lo menos llegar a oir el bramido del "Sapo Toro".
Ni expertos, ni nadie en particular llegaron a averiguar con certeza la razón del fenómeno acústico. La explicación más lógica y aceptable fue la de que el bramido era producido por el aire que se introducía en unas cañas de bambú que crecían dentro del agua.
Todo esto no pasó de ser una leyenda que todavía muchos recuerdan.
Fuente: El Vocero, 26 de febrero de 1987
A fines del Siglo XIX existió en Juana Díaz una dama que era una azotacalle y de conversación muy ligera por lo que se le llamó La Cotorrita. A pesar de su edad y diminuta estatura, no le tenía miedo a nada ni a nadie y se le veía tanto de día como de noche por las calles del pueblo llegando a ser una figura muy popular.
La víspera del Año Nuevo, estando La Cotorrita en la Iglesia Católica, un joven del pueblo le hizo un disparo, matándola.
Años después se rumoraba que el espíritu de la Cotorrita andaba suelto por las calles de la población y que aparecía especialmente en la calle La Cruz. Algunas personas no creían en eso de aparecidos se pusieron en vela y averiguaron que el tal espíritu de La Cotorrita era una mujer vestida de blanco que se veía a escondidas de su marido con otro hombre.